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Asma
Asma

Es la enfermedad crónica más frecuente de la infancia, que inflama y estrecha las vías respiratorias. Puede aparecer a cualquier edad, predominando en la infancia.

Normalmente cuando respiramos el aire entra y sale de las vías aéreas sin esfuerzo. En el paciente con asma estas vías están inflamadas, situación que empeora en el momento de la crisis asmática, aumentando la dificultad para respirar.

¿Cuáles son los síntomas de asma?

 Su niño puede tener uno o más de los siguientes síntomas:  Tos seca (fuera de cuadros virales), sobre todo de noche, que incluso puede despertarlo, tos y fatiga con el ejercicio, con las emociones (risa, llanto), dificultad respiratoria (silbido, respiración rápida, esfuerzo al respirar y/o agitación), dolor en el pecho, sensación de ahogo.

Es importante identificar y evitar las situaciones que pueden desencadenar una crisis asmática: Infecciones respiratorias (por lo que es de vital importancia mantener al día las vacunas de Influenza y Neumococo), cambios de clima, ejercicio físico, estrés emocional, contaminantes del medio ambiente (polvo doméstico, cigarrillo, aerosoles, etc.). Cabe destacar que, si bien el ejercicio puede desencadenar una crisis, esto no implica el niño con asma no deba realizar actividad física, ya que cuando su hijo esté sin síntomas puede realizar deportes con normalidad.

Tratamiento del asma:

Control del medio ambiente donde vive el niño:

  • Contaminación del aire: muchas sustancias químicas pueden ser irritantes del aparato respiratorio (humo de fábricas, quemadores, braseros, desodorantes ambientales, limpia vidrios, sahumerios, espirales, etc.), por lo que dentro de lo posible deben ser evitados. El humo del cigarrillo es perjudicial para la salud, no permita que se fume en su casa, alrededor del niño o en los lugares donde éste concurre habitualmente, incluso dentro del auto.
  • Polvo: Limpie con paño húmedo, no barra en presencia del niño. Cambie las sabanas 1 vez por semana. Evite tener en los dormitorios alfombras, peluches, tapices, posters, libros. Utilice fundas en almohadas y colchones. No deben usarse humidificadores ni generadores de ozono. Mantener libre de polvo los abanicos y filtros de aire acondicionado.
  • Animales domésticos: No deben estar dentro de la habitación del niño ni dormir en su cama.
  • Hongos: Ventilar la casa por lo menos 15 minutos al día preferentemente por la mañana y luego cerrar las ventanas especialmente las de los dormitorios. Reparar goteras, cepillar las paredes que tienen pintura descascarada.

El tratamiento farmacológico del asma bronquial tiene dos pilares fundamentales, la medicación controladora y la usada ante la crisis.

El tratamiento de control disminuye la inflamación y la reacción de la vía aérea frente a los desencadenantes de las crisis. Reduce la gravedad y el número de crisis, disminuye los síntomas diarios, mejora la actividad física y evita que falte a la escuela por asma.

El tratamiento para la crisis debe comenzar apenas aparecen los primeros síntomas, según el plan de acción indicado por su médico. El más usado es el salbutamol, que produce un rápido alivio de los síntomas, pero no evita nuevas crisis. Si un paciente tiene síntomas frecuentes, graves o utiliza más de dos veces por semana el salbutamol, debe consultar al médico para iniciar o ajustar el tratamiento de control. Controlar los síntomas utilizando solamente medicación de rescate aumenta el riesgo de crisis graves.

Trastornos del espectro autista
Trastornos del espectro autista

Los trastornos del espectro autista (TEA) son una discapacidad del desarrollo provocada por diferencias en el cerebro. Los científicos desconocen exactamente qué provoca estas diferencias en la mayoría de las personas con TEA, algunas tienen una diferencia conocida, como una afección genética; sin embargo, aún la mayoría son desconocidas. Para los años 80 fue publicado un trabajo que asociaba las vacunas con los TEA; sin embargo, se demostró que el mismo fue fraudulento y a través de los años se han realizado estudios que involucran millones de niños que han demostrado que no existe asociación alguna entre riesgo de TEA y las vacunas.

A menudo, no hay indicios en el aspecto de las personas con TEA que los diferencien de otras personas, pero es posible que se comuniquen, interactúen, se comporten y aprendan de maneras distintas. Las capacidades de aprendizaje, pensamiento y resolución de problemas de las personas con TEA pueden variar; hay desde personas con muy altos niveles de capacidad (dotadas, o gifted en inglés) y personas que tienen muchas dificultades. Algunas necesitan mucha ayuda en la vida diaria, mientras que otras necesitan menos.

Los TEA comienzan antes de los 3 años de edad y duran toda la vida de la persona; no obstante, los síntomas pueden mejorar con el tiempo. Algunos niños con TEA muestran indicios de problemas futuros en los primeros meses de vida. En otros casos, es posible que los síntomas no se manifiesten hasta los 24 meses o incluso después. Algunos niños con un TEA parecen desarrollarse normalmente hasta los 18 a 24 meses de edad y después dejan de adquirir destrezas nuevas o pierden las que tenían antes. Los estudios realizados han mostrado que entre un tercio y la mitad de los padres de niños con TEA observaron un problema antes del primer año de vida de sus hijos y entre el 80 % y 90 % de los padres detectaron problemas antes de los 24 meses.

Posibles “signos de alarma”

Las personas con un TEA pueden presentar las siguientes características:

  • No responder a su nombre cuando tienen 12 meses de edad.
  • No señalar los objetos para demostrar su interés (no señalar un avión que pasa volando) para cuando tienen 14 meses de edad, no realizar juegos de simulación (como jugar “a darle de comer” a un muñeco) a los 18 meses de edad.
  • Evitar el contacto visual y querer estar solos.
  • Tener dificultades para comprender los sentimientos de otras personas y para hablar de sus propios sentimientos,  presentar retrasos en las destrezas del habla y el lenguaje, repetir palabras o frases una y otra vez (ecolalia).
  • Dar respuestas no relacionadas con las preguntas que se les hace.
  • Irritarse con los cambios pequeños, tener intereses obsesivos, aletear las manos, mecerse o girar en círculos, tener reacciones poco habituales al sonido, el olor, el gusto, el aspecto, el tacto o el sonido de las cosas.
Tuberculosis
Tuberculosis

La tuberculosis es una enfermedad provocada por la bacteria Mycobacterium tuberculosis. Infecta principalmente los pulmones, aunque también puede afectar otros órganos, como el cerebro (Tuberculosis Meníngea) o diseminarse en la sangre (Tuberculosis Miliar).

Cuando una persona con TB, que no ha recibido tratamiento, tose o estornuda, el aire se llena de gotitas que contienen la bacteria. La inhalación de estas gotitas infectadas es el modo más usual en que una persona puede contraer TB.

La TB fue una de las enfermedades más temidas del siglo XIX y fue la octava principal causa de muerte en niños de 1 a 4 años durante la década de 1920. En la actualidad, la TB continúa siendo causa importante de enfermedad en nuestro país, en particular, en las personas sin hogar, los presos y aquellos susceptibles de contraerla por estar infectados con el virus del VIH.

Signos y síntomas

En los niños y lactantes mayores, la infección de tuberculosis latente, la primera infección con la bacteria de tuberculosis, por lo general, no produce signos ni síntomas. Además, las radiografías de tórax no muestran ningún signo de infección.

En la mayoría de los casos, solo una prueba cutánea de tuberculina (que se utiliza para determinar si una persona fue infectada por la bacteria de tuberculosis) dará un resultado positivo, lo que indica que el niño está infectado. Por lo general, los niños que tengan un resultado positivo en la prueba de tuberculina, incluso aunque no muestren signos de la enfermedad, necesitarán recibir medicamentos. Esta infección primaria generalmente se resuelve sola a medida que el niño desarrolla inmunidad durante un período de 6 a 10 semanas. Pero, en algunos casos, puede evolucionar y diseminarse por los pulmones (tuberculosis progresiva) o hacia otros órganos. Esto provocará signos y síntomas, como fiebre, pérdida de peso, fatiga, pérdida del apetito y tos.

Prevención

La prevención de la TB depende de lo siguiente:

  • Evitar el contacto con aquellas personas que tienen la enfermedad activa
  • Consumir medicamentos como medida de prevención en los casos de alto riesgo

La vacuna denominada BCG (Bacille Calmette-Guérin) previene las formas graves de Tuberculosis y es de suma importancia en nuestro país, donde hay una alta tasa de personas que padecen Tuberculosis.

Cáncer infantil
Cáncer infantil

Todas las células del cuerpo tienen un sistema que controla su crecimiento, su interacción con otras células e, incluso la duración de su vida. Cuando algunas células pierden el control y crecen de una manera que el cuerpo ya no puede regular, hablamos de cáncer.

Los diferentes tipos de cáncer tienen distintos tipos de signos, síntomas, tratamientos y resultados. Todo depende del tipo de célula al que afecta y la velocidad con que crecen las células.

Todos los tipos de cáncer avanzan del mismo modo: las células crecen de manera descontrolada, desarrollan tamaños y formas anormales, exceden sus límites habituales dentro del cuerpo y destruyen a las células que las rodean. Con el tiempo, las células cancerosas pueden extenderse (hacer metástasis) a otros órganos y tejidos.

A medida que las células de cáncer crecen, requieren más y más nutrición del cuerpo. El cáncer le quita las fuerzas a la persona que lo padece, destruye los órganos y los huesos y debilita las defensas del organismo contra otras enfermedades.

El cáncer es poco frecuente en los niños, pero puede aparecer. Los cánceres más frecuentes en los niños son la leucemia, el linfoma y el cáncer cerebral. A medida que los niños entran en la adolescencia, el osteosarcoma (cáncer de los huesos) es más común.

En la mayoría de los casos, el cáncer infantil se debe a mutaciones (cambios) aleatorias en los genes de las células en crecimiento. Como estos cambios ocurren de forma aleatoria e impredecible, no existe una manera efectiva de prevenirlos, sin embargo existen vacunas como la del Virus del Papiloma Humano, que previene la infección por ese virus, que se encuentra estrechamente involucrado en el cáncer de cérvix, en la mujer.

A veces, el médico puede detectar los síntomas iniciales del cáncer en una revisión de rutina. Sin embargo, algunos síntomas del cáncer (como fiebre, glándulas inflamadas, infecciones frecuentes, anemia o moretones) pueden aparecer en otras enfermedades o infecciones infantiles que son más comunes que el cáncer. Por este motivo, es posible que, cuando aparecen los síntomas de cáncer, los padres crean que se trata de otras enfermedades de la infancia, es en esta situación donde radica la importancia de las consultas de seguimiento en los niños a fin de ir descartando las causas comunes de estos síntomas y llegar a un diagnostico precoz del cáncer, con lo que mejora el pronóstico y aumenta la supervivencia.

El diagnóstico y el tratamiento de los cánceres infantiles lleva tiempo y existen efectos secundarios tanto a corto plazo como a largo plazo. Pero gracias a los avances médicos, cada vez son más los niños con cáncer que terminan exitosamente el tratamiento, abandonan el hospital y crecen como cualquier otro niño. En la actualidad, más del 80% de los niños con cáncer viven 5 años o más.

La fiebre en niños
La fiebre en niños

La fiebre es uno de los principales motivos de consulta en la edad pediátrica, siendo importante entender que no es una enfermedad per se, si no un signo de una condición subyacente.

Hay muchas razones por las cuales un niño puede tener fiebre. Las más comunes son las infecciones víricas, agudas y benignas, como las respiratorias, que suelen ir a acompañadas de tos y mocos; las gastrointestinales, que cursan con vómitos, diarrea y dolor abdominal; o las urinarias, con vómitos y rechazo de alimentos. Una vacunación reciente, el exceso de sol o  de abrigo también causan elevación de la temperatura corporal.

Para hablar de fiebre lo primero que debemos hacer es medir la temperatura con un termómetro homologado y no con el tacto. Puede tomarse la temperatura en el recto, en la boca o en las axilas, según la edad y la cooperación del niño; aunque la del recto siempre será la más precisa.  De manera universal se acepta hablar de fiebre cuando la temperatura corporal asciende sobre los 38 grados Celsius.

¿Qué hacer si el niño tiene fiebre?

Lo más eficaz es administrar los medicamentos antitérmicos prescritos por el pediatra. Es imprescindible respetar la dosificación adecuada a la edad y peso del niño. Este tratamiento se puede complementar con:

  • Hidratación abundante con agua
  • No abrigar en exceso ni caldear la habitación.
  • Aplicar paños húmedos templados o frescos, nunca fríos, en la frente.
  • Darle baños con agua templada durante 15-20 minutos, dejando que el agua se vaya enfriando poco a poco a la vez que el pequeño.

Antes de consultar con el pediatra, lo primero que debemos hacer es valorar el estado general del niño y ver qué aspecto tiene: si, a pesar de la fiebre, está contento y come y bebe bien, es poco probable que se trate de algo grave.

Existen algunos casos en los que es necesario acudir al pediatra, de manera inmediata, para que valore el estado del niño: menores de 3 meses, cambios en el estado general (somnolencia, irritabilidad), vómitos, dificultad respiratoria, convulsiones, manchas negras o puntos rojos en la piel.

Es normal que la fiebre nos preocupe y es importante que la tengamos controlada pero, en general, no debemos alarmarnos en exceso ya que la mayoría de las veces no será más que un virus inicialmente inofensivo. No obstante, ante cualquier duda en el estado de salud de un niño, se debe acudir al pediatra, quien resolverá cualquier preocupación y prescribirá el mejor tratamiento para el pequeño.

 

VIH / SIDA
VIH / SIDA

El virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) infecta a las células del sistema inmunitario, alterando o anulando su función. La infección produce un deterioro progresivo del sistema inmunitario, con la consiguiente “inmunodeficiencia”. Se considera que el sistema inmunitario es deficiente cuando deja de poder cumplir su función de lucha contra las infecciones y enfermedades. El síndrome de inmunodeficiencia adquirida (SIDA) es un término que se aplica a los estadios más avanzados de la infección por VIH y se define por la presencia de alguna de las más de 20 infecciones oportunistas o de cánceres relacionados con el VIH.

En 2017 36.9 millones de personas vivían con el VIH, de los cuales 1.8 millones eran menores de 15 años.

El VIH puede transmitirse por las relaciones sexuales con una persona infectada, la transfusión de sangre contaminada o el uso compartido de agujas, jeringuillas u otros instrumentos punzantes. Asimismo, puede transmitirse de la madre al hijo durante el embarazo, el parto y la lactancia.
En los niños la principal forma de transmisión es durante el momento del embarazo, parto y lactancia en aquellas madres que viven con el VIH y no llevan un adecuado tratamiento.

Al ser el VIH una infección que debilita el sistema inmune, permite que las personas que padezcan de esta condición sean mas proclives a presentar enfermedades y, al no poder responder adecuadamente a estas enfermedades, cursen con cuadros mas graves de las mismas, siendo de vital importancia la protección de estos pacientes con las vacunas adecuadas según su edad y condición inmunológica, en general hasta cerca de los 2 años la respuesta inmune en los niños que viven con VIH es prácticamente normal, y por tanto su respuesta a las vacunas seria igual que la población general, por ello la vacunación debe llevarse a cabo lo más precozmente posible.

Las recomendaciones de vacunación para los niños que viven con el VIH son básicamente similares a las de la población general siempre y cuando el niño este recibiendo su tratamiento antirretroviral y su nivel de inmunidad se encuentre en niveles aceptables para dicho proceso.

Así mismo se realiza un llamado de alerta a las personas que conviven con personas con VIH, a mantener al día su calendario de vacunación a fin de disminuir la probabilidad de enfermarse y por tanto ser medio de contagio para los demás.

El peligro del uso indebido de los antibióticos
El peligro del uso indebido de los antibióticos

Probablemente su familia tiene que afrontar año tras año resfriados, dolores de garganta y/o infecciones víricas. Cuando usted lleva a su hijo al médico por estas enfermedades: ¿espera automáticamente que le receten antibióticos? Muchos padres sí que lo hacen; se quedan extrañados y hasta se enfadan si salen de la consulta del médico con las manos vacías. Después de todo: ¿hay algún padre que no desee que su hijo se recupere lo antes posible? Pero el médico de su hijo podría estar haciéndoles un favor, tanto a usted como a él, si no le recetara nada.

Para entender cómo funcionan los antibióticos, ayuda saber sobre los dos principales tipos de gérmenes que pueden enfermar a la gente: las bacterias y los virus. Aunque ciertas bacterias y virus causan enfermedades con síntomas similares, las formas en que estos dos tipos de microorganismos se multiplican y transmiten enfermedades difieren. Tomar antibióticos para los resfriados y para otras enfermedades de origen viral no solo no sirve para nada, sino que puede tener peligrosos efectos secundarios. Con el tiempo, esta práctica puede facilitar el desarrollo de bacterias resistentes.

El uso frecuente e inadecuado de los antibióticos puede hacer cambiar a las bacterias u otros microbios, de tal modo que los antibióticos dejan de ser útiles para luchar contra ellos. Esto recibe el nombre de “resistencia bacteriana”. Para combatir estas bacterias resistentes se necesitan dosis más altas de medicamentos o antibióticos más fuertes. Debido al abuso de los antibióticos, algunas bacterias se han vuelto resistentes incluso a los antibióticos más potentes que existen en la actualidad.

Aparte de la resistencia a los antibióticos, el abuso de los antibióticos puede llevar a otros problemas. Los antibióticos matan muchas bacterias diferentes, incluso aquellas que son beneficiosas para que el cuerpo esté sano. A veces, tomar antibióticos puede hacer que una persona desarrolle una diarrea debido a la falta de las bacterias beneficiosas que ayudan a digerir bien los alimentos.

Entonces: ¿qué debería hacer cuando su hijo enferme para reducir al máximo el riesgo de desarrollar resistencia a los antibióticos? Tenga en cuenta estos consejos:

  • Solo tome antibióticos cuando su médico los prescriba.
  • Pida consejo y haga preguntas. Pregunte al médico si la enfermedad de su hijo es bacteriana o vírica, y comente con él las ventajas y los inconvenientes de los antibióticos. Si se trata de un virus, pregúntele de qué maneras se pueden tratar los síntomas que causan malestar a su hijo, tal y como la congestión nasal y la irritación de garganta. La clave para desarrollar una buena relación con el médico de su hijo es tener una comunicación abierta; por lo tanto, trabajen conjuntamente para lograr ese objetivo.

Recuerde: los antibióticos solo son eficaces para tratar infecciones bacterianas si se toman durante todo el tiempo prescrito por el médico. Los medicamentos tardan un tiempo en hacer efecto; por eso, no espere que su hijo se encuentre mejor después de tomar la primera dosis. La mayoría de los niños tardan de 1 a 2 días en encontrarse mejor. Así mismo, no deje que su hijo tome antibióticos durante más días de los prescritos; nunca utilice medicamentos que le fueron indicados a otro miembro de la familia ni que hayan quedado de una medicación previa.

Discapacidad auditiva
Discapacidad auditiva

De acuerdo a datos de la Organización Mundial de la Salud, 466 millones de personas en todo el mundo padecen pérdida de audición discapacitante, de las cuales 34 millones son niños.

La sordera es la dificultad o la imposibilidad de usar el sentido del oído debido a una pérdida de la capacidad auditiva parcial (hipoacusia) o total (cofosis) y unilateral o bilateral. Así pues, una persona sorda será incapaz o tendrá problemas para escuchar.

En los menores de 15 años, el 60% de los casos de pérdida de audición son atribuibles a causas prevenibles. En general, las causas prevenibles de la pérdida de audición en niños son:

  • Infecciones como la parotiditis, el sarampión, la rubéola, la meningitis, y la otitis media crónica (31%); condiciones estas, prevenibles con la administración de vacunas.
  • Complicaciones al nacer como asfixia del parto, bajo peso en el momento del nacimiento, prematuridad e ictericia (17%).
  • Uso de medicamentos ototóxicos en embarazadas y lactantes (4%).
  • Otras causas (8%).

Algunas estrategias de prevención sencillas de la pérdida de audición incluyen:

  • Vacunar a los niños contra las enfermedades de la infancia, en particular el sarampión, la meningitis, la rubéola y la parotiditis.
  • Administrar la vacuna contra la rubéola a las adolescentes y las mujeres en edad fecunda, antes de que queden embarazadas.
  • Prevenir las infecciones por citomegalovirus en mujeres embarazadas mediante una higiene correcta; efectuar pruebas para detectar y tratar la sífilis y otras infecciones en las embarazadas.
  • Seguir unas prácticas correctas de atención otológica.
  • Reducir la exposición a ruidos fuertes (tanto en el trabajo como en las actividades recreativas) mediante la sensibilización de la población sobre los riesgos que acarrean.

La detección e intervención tempranas son fundamentales para minimizar las consecuencias de la pérdida de audición en el desarrollo y el rendimiento escolar del niño. En los lactantes y niños pequeños con pérdida de audición, la detección y el tratamiento tempranos en el marco de programas de detección auditiva neonatal pueden mejorar los resultados lingüísticos y escolares del niño. Los niños sordos deberían tener la oportunidad de aprender el lenguaje de los signos junto con sus familias en los ámbitos preescolar, escolar y profesional también es una herramienta eficaz para identificar y tratar la pérdida de audición en una etapa temprana, limitando así su repercusión en el aprendizaje del niño

El Día Mundial del sordo, conmemora la fecha en que tuvo lugar el Primer Congreso Mundial de la Federación Mundial de Personas Sordas, el 30 de septiembre de 1951; se trata de un día de carácter reivindicativo donde las personas sordas de distintas regiones, y países visibilizan su realidad ante el mundo, donde expresan sus demandas en cuestión de derechos y en el cual se pone de relieve el hecho de que la sordera no debe ser una limitante para el desarrollo de las capacidades de un ser humano.

Regreso a clases
Regreso a clases

El comienzo de las clases es un momento clave en la vida de los niños y para que esta experiencia sea con salud es imprescindible que nuestros hijos tengan sus vacunas al día.

En esta etapa de la vida, los niños son especialmente susceptibles a las enfermedades dado que comparten utensilios y objetos personales, no suelen lavarse las manos con frecuencia y se llevan todo a la boca. Además, durante la convivencia en la escuela entran en contacto con muchos otros niños y adultos; por lo tanto, están más expuestos a diferentes patologías.

Ante estas situaciones, las vacunas son la mejor medida de prevención ya que son las encargadas de brindar protección contra numerosas enfermedades muy serias, que de lo contrario podrían convertirse en epidemias al diseminarse rápidamente y afectar a grandes porciones de la población. En este sentido, hay que tener en cuenta que al vacunar a nuestros hijos beneficiamos a toda la familia y también al resto de la comunidad, debido a que con esta acción contribuimos a disminuir la circulación de dichas enfermedades.

Es muy importante que la aplicación de las vacunas sea antes de que los chicos empiecen las clases, o en su defecto lo más temprano posible del año escolar, pues las aulas son espacios cerrados donde hay más probabilidad de que se produzcan brotes de ciertas enfermedades; por eso sugerimos que los chicos estén vacunados ya que de esta manera se protegen ellos y también protegemos a los que los rodean.

Otros cuidados de la salud:

Además de completar las vacunas, es importante cuidar otros aspectos de la salud de nuestros hijos a lo largo de la etapa escolar:

  • Control de crecimiento: Es aconsejable visitar al pediatra al menos una vez al año, aún cuando no se manifiesten problemáticas puntuales, para asegurarnos de que se están desarrollando correctamente.
  • Salud visual: Un control oftalmológico anual permitirá detectar posibles problemas visuales, que de no ser diagnosticados tempranamente pueden afectar su desempeño escolar y social.
  • Salud bucal: Se recomienda llevar a los chicos al dentista al menos una vez al año y promover en ellos el hábito del lavado de dientes diario para evitar caries y otras enfermedades.
  • Salud auditiva: Si el niño o niña presenta dificultades en el lenguaje, no hace lo que se le indica, pregunta “¿qué?” con frecuencia y escucha la televisión a un volumen muy alto, es conveniente consultar al pediatra para que analice si existe algún problema auditivo.
  • Alimentación sana y actividad física: Una nutrición variada y en cantidades adecuadas a la edad, con frutas y verduras incluidas, favorece el crecimiento y el rendimiento escolar. Asimismo, los chicos necesitan movimiento y actividades para recrearse y desarrollar su cuerpo de forma saludable.
Enfermedades Neumocócicas
Enfermedades Neumocócicas

Las enfermedades neumocócicas son afecciones causadas por bacterias llamadas neumococos. A menudo son leves, pero pueden causar síntomas graves, discapacidad de por vida o la muerte. Los niños menores de 2 años están entre los que tienen mayor riesgo de contraer estas enfermedades.

¿Cuáles son los síntomas de las enfermedades neumocócicas?

Hay muchos tipos de enfermedades neumocócicas. Los síntomas dependen de la parte del cuerpo infectada.

La neumonía neumocócica (infección de los pulmones) causa fiebre o escalofríos, tos, dificultad para respirar, dolor en el pecho, entre otros.

La meningitis neumocócica (infección del tejido que cubre el cerebro y la médula espinal) causa rigidez en el cuello o dolor de cabeza, fiebre alta, dolor que aumenta con las luces brillantes, confusión.  En los bebés, la meningitis puede causar falta de apetito y pocas ganas de tomar líquidos, estado de alerta bajo o vómitos.

La Septicemia (infección en la sangre) derivada de una enfermedad neumocócica puede causar fiebre, escalofríos o estado de alerta bajo.

Las enfermedades neumocócicas son responsables hasta del 50 % de las otitis medias (infecciones de oído medio). Los síntomas son dolor de oído, tímpano rojo e inflamado, a veces fiebre o somnolencia.

¿Es grave?

Las enfermedades neumocócicas varían de leves a muy peligrosas. Alrededor de 2,000 casos de enfermedades graves (bacteriemia, neumonía con bacteriemia, y meningitis) se producen cada año en niños menores de 5 años en los Estados Unidos. Estas enfermedades pueden llevar a discapacidades como sordera, daño cerebral o pérdida de brazos o piernas. Alrededor de 1 de cada 15 niños que contraen meningitis neumocócica muere.

¿Cómo se propagan las enfermedades neumocócicas?

Las enfermedades neumocócicas se propagan cuando una persona infectada tose o estornuda. Es posible que algunos niños ni siquiera se sientan mal, pero que tengan las bacterias en su nariz y garganta. Aun así, estos niños pueden propagar las enfermedades neumocócicas.

¿Cómo se previenen las enfermedades neumocócicas?

La manera mas eficaz de proteger en contra de este grupo de enfermedades es la vacuna antineumocócica de la cual existen varias presentaciones, conteniendo en ellas las principales cepas (grupos) de neumococos que causan enfermedad muy frecuentemente o enfermedad grave.

¿Es segura la vacuna antineumocócica?

Si, la vacuna antineumocócica es muy segura y eficaz para prevenir las enfermedades neumocócicas. Las vacunas, al igual que cualquier otro medicamento, pueden tener efectos secundarios, pero suelen ser leves y desaparecer en poco tiempo.