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Cáncer infantil
Cáncer infantil

Todas las células del cuerpo tienen un sistema que controla su crecimiento, su interacción con otras células e, incluso la duración de su vida. Cuando algunas células pierden el control y crecen de una manera que el cuerpo ya no puede regular, hablamos de cáncer.

Los diferentes tipos de cáncer tienen distintos tipos de signos, síntomas, tratamientos y resultados. Todo depende del tipo de célula al que afecta y la velocidad con que crecen las células.

Todos los tipos de cáncer avanzan del mismo modo: las células crecen de manera descontrolada, desarrollan tamaños y formas anormales, exceden sus límites habituales dentro del cuerpo y destruyen a las células que las rodean. Con el tiempo, las células cancerosas pueden extenderse (hacer metástasis) a otros órganos y tejidos.

A medida que las células de cáncer crecen, requieren más y más nutrición del cuerpo. El cáncer le quita las fuerzas a la persona que lo padece, destruye los órganos y los huesos y debilita las defensas del organismo contra otras enfermedades.

El cáncer es poco frecuente en los niños, pero puede aparecer. Los cánceres más frecuentes en los niños son la leucemia, el linfoma y el cáncer cerebral. A medida que los niños entran en la adolescencia, el osteosarcoma (cáncer de los huesos) es más común.

En la mayoría de los casos, el cáncer infantil se debe a mutaciones (cambios) aleatorias en los genes de las células en crecimiento. Como estos cambios ocurren de forma aleatoria e impredecible, no existe una manera efectiva de prevenirlos, sin embargo existen vacunas como la del Virus del Papiloma Humano, que previene la infección por ese virus, que se encuentra estrechamente involucrado en el cáncer de cérvix, en la mujer.

A veces, el médico puede detectar los síntomas iniciales del cáncer en una revisión de rutina. Sin embargo, algunos síntomas del cáncer (como fiebre, glándulas inflamadas, infecciones frecuentes, anemia o moretones) pueden aparecer en otras enfermedades o infecciones infantiles que son más comunes que el cáncer. Por este motivo, es posible que, cuando aparecen los síntomas de cáncer, los padres crean que se trata de otras enfermedades de la infancia, es en esta situación donde radica la importancia de las consultas de seguimiento en los niños a fin de ir descartando las causas comunes de estos síntomas y llegar a un diagnostico precoz del cáncer, con lo que mejora el pronóstico y aumenta la supervivencia.

El diagnóstico y el tratamiento de los cánceres infantiles lleva tiempo y existen efectos secundarios tanto a corto plazo como a largo plazo. Pero gracias a los avances médicos, cada vez son más los niños con cáncer que terminan exitosamente el tratamiento, abandonan el hospital y crecen como cualquier otro niño. En la actualidad, más del 80% de los niños con cáncer viven 5 años o más.

La fiebre en niños
La fiebre en niños

La fiebre es uno de los principales motivos de consulta en la edad pediátrica, siendo importante entender que no es una enfermedad per se, si no un signo de una condición subyacente.

Hay muchas razones por las cuales un niño puede tener fiebre. Las más comunes son las infecciones víricas, agudas y benignas, como las respiratorias, que suelen ir a acompañadas de tos y mocos; las gastrointestinales, que cursan con vómitos, diarrea y dolor abdominal; o las urinarias, con vómitos y rechazo de alimentos. Una vacunación reciente, el exceso de sol o  de abrigo también causan elevación de la temperatura corporal.

Para hablar de fiebre lo primero que debemos hacer es medir la temperatura con un termómetro homologado y no con el tacto. Puede tomarse la temperatura en el recto, en la boca o en las axilas, según la edad y la cooperación del niño; aunque la del recto siempre será la más precisa.  De manera universal se acepta hablar de fiebre cuando la temperatura corporal asciende sobre los 38 grados Celsius.

¿Qué hacer si el niño tiene fiebre?

Lo más eficaz es administrar los medicamentos antitérmicos prescritos por el pediatra. Es imprescindible respetar la dosificación adecuada a la edad y peso del niño. Este tratamiento se puede complementar con:

  • Hidratación abundante con agua
  • No abrigar en exceso ni caldear la habitación.
  • Aplicar paños húmedos templados o frescos, nunca fríos, en la frente.
  • Darle baños con agua templada durante 15-20 minutos, dejando que el agua se vaya enfriando poco a poco a la vez que el pequeño.

Antes de consultar con el pediatra, lo primero que debemos hacer es valorar el estado general del niño y ver qué aspecto tiene: si, a pesar de la fiebre, está contento y come y bebe bien, es poco probable que se trate de algo grave.

Existen algunos casos en los que es necesario acudir al pediatra, de manera inmediata, para que valore el estado del niño: menores de 3 meses, cambios en el estado general (somnolencia, irritabilidad), vómitos, dificultad respiratoria, convulsiones, manchas negras o puntos rojos en la piel.

Es normal que la fiebre nos preocupe y es importante que la tengamos controlada pero, en general, no debemos alarmarnos en exceso ya que la mayoría de las veces no será más que un virus inicialmente inofensivo. No obstante, ante cualquier duda en el estado de salud de un niño, se debe acudir al pediatra, quien resolverá cualquier preocupación y prescribirá el mejor tratamiento para el pequeño.

 

VIH / SIDA
VIH / SIDA

El virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) infecta a las células del sistema inmunitario, alterando o anulando su función. La infección produce un deterioro progresivo del sistema inmunitario, con la consiguiente “inmunodeficiencia”. Se considera que el sistema inmunitario es deficiente cuando deja de poder cumplir su función de lucha contra las infecciones y enfermedades. El síndrome de inmunodeficiencia adquirida (SIDA) es un término que se aplica a los estadios más avanzados de la infección por VIH y se define por la presencia de alguna de las más de 20 infecciones oportunistas o de cánceres relacionados con el VIH.

En 2017 36.9 millones de personas vivían con el VIH, de los cuales 1.8 millones eran menores de 15 años.

El VIH puede transmitirse por las relaciones sexuales con una persona infectada, la transfusión de sangre contaminada o el uso compartido de agujas, jeringuillas u otros instrumentos punzantes. Asimismo, puede transmitirse de la madre al hijo durante el embarazo, el parto y la lactancia.
En los niños la principal forma de transmisión es durante el momento del embarazo, parto y lactancia en aquellas madres que viven con el VIH y no llevan un adecuado tratamiento.

Al ser el VIH una infección que debilita el sistema inmune, permite que las personas que padezcan de esta condición sean mas proclives a presentar enfermedades y, al no poder responder adecuadamente a estas enfermedades, cursen con cuadros mas graves de las mismas, siendo de vital importancia la protección de estos pacientes con las vacunas adecuadas según su edad y condición inmunológica, en general hasta cerca de los 2 años la respuesta inmune en los niños que viven con VIH es prácticamente normal, y por tanto su respuesta a las vacunas seria igual que la población general, por ello la vacunación debe llevarse a cabo lo más precozmente posible.

Las recomendaciones de vacunación para los niños que viven con el VIH son básicamente similares a las de la población general siempre y cuando el niño este recibiendo su tratamiento antirretroviral y su nivel de inmunidad se encuentre en niveles aceptables para dicho proceso.

Así mismo se realiza un llamado de alerta a las personas que conviven con personas con VIH, a mantener al día su calendario de vacunación a fin de disminuir la probabilidad de enfermarse y por tanto ser medio de contagio para los demás.

El peligro del uso indebido de los antibióticos
El peligro del uso indebido de los antibióticos

Probablemente su familia tiene que afrontar año tras año resfriados, dolores de garganta y/o infecciones víricas. Cuando usted lleva a su hijo al médico por estas enfermedades: ¿espera automáticamente que le receten antibióticos? Muchos padres sí que lo hacen; se quedan extrañados y hasta se enfadan si salen de la consulta del médico con las manos vacías. Después de todo: ¿hay algún padre que no desee que su hijo se recupere lo antes posible? Pero el médico de su hijo podría estar haciéndoles un favor, tanto a usted como a él, si no le recetara nada.

Para entender cómo funcionan los antibióticos, ayuda saber sobre los dos principales tipos de gérmenes que pueden enfermar a la gente: las bacterias y los virus. Aunque ciertas bacterias y virus causan enfermedades con síntomas similares, las formas en que estos dos tipos de microorganismos se multiplican y transmiten enfermedades difieren. Tomar antibióticos para los resfriados y para otras enfermedades de origen viral no solo no sirve para nada, sino que puede tener peligrosos efectos secundarios. Con el tiempo, esta práctica puede facilitar el desarrollo de bacterias resistentes.

El uso frecuente e inadecuado de los antibióticos puede hacer cambiar a las bacterias u otros microbios, de tal modo que los antibióticos dejan de ser útiles para luchar contra ellos. Esto recibe el nombre de “resistencia bacteriana”. Para combatir estas bacterias resistentes se necesitan dosis más altas de medicamentos o antibióticos más fuertes. Debido al abuso de los antibióticos, algunas bacterias se han vuelto resistentes incluso a los antibióticos más potentes que existen en la actualidad.

Aparte de la resistencia a los antibióticos, el abuso de los antibióticos puede llevar a otros problemas. Los antibióticos matan muchas bacterias diferentes, incluso aquellas que son beneficiosas para que el cuerpo esté sano. A veces, tomar antibióticos puede hacer que una persona desarrolle una diarrea debido a la falta de las bacterias beneficiosas que ayudan a digerir bien los alimentos.

Entonces: ¿qué debería hacer cuando su hijo enferme para reducir al máximo el riesgo de desarrollar resistencia a los antibióticos? Tenga en cuenta estos consejos:

  • Solo tome antibióticos cuando su médico los prescriba.
  • Pida consejo y haga preguntas. Pregunte al médico si la enfermedad de su hijo es bacteriana o vírica, y comente con él las ventajas y los inconvenientes de los antibióticos. Si se trata de un virus, pregúntele de qué maneras se pueden tratar los síntomas que causan malestar a su hijo, tal y como la congestión nasal y la irritación de garganta. La clave para desarrollar una buena relación con el médico de su hijo es tener una comunicación abierta; por lo tanto, trabajen conjuntamente para lograr ese objetivo.

Recuerde: los antibióticos solo son eficaces para tratar infecciones bacterianas si se toman durante todo el tiempo prescrito por el médico. Los medicamentos tardan un tiempo en hacer efecto; por eso, no espere que su hijo se encuentre mejor después de tomar la primera dosis. La mayoría de los niños tardan de 1 a 2 días en encontrarse mejor. Así mismo, no deje que su hijo tome antibióticos durante más días de los prescritos; nunca utilice medicamentos que le fueron indicados a otro miembro de la familia ni que hayan quedado de una medicación previa.

Discapacidad auditiva
Discapacidad auditiva

De acuerdo a datos de la Organización Mundial de la Salud, 466 millones de personas en todo el mundo padecen pérdida de audición discapacitante, de las cuales 34 millones son niños.

La sordera es la dificultad o la imposibilidad de usar el sentido del oído debido a una pérdida de la capacidad auditiva parcial (hipoacusia) o total (cofosis) y unilateral o bilateral. Así pues, una persona sorda será incapaz o tendrá problemas para escuchar.

En los menores de 15 años, el 60% de los casos de pérdida de audición son atribuibles a causas prevenibles. En general, las causas prevenibles de la pérdida de audición en niños son:

  • Infecciones como la parotiditis, el sarampión, la rubéola, la meningitis, y la otitis media crónica (31%); condiciones estas, prevenibles con la administración de vacunas.
  • Complicaciones al nacer como asfixia del parto, bajo peso en el momento del nacimiento, prematuridad e ictericia (17%).
  • Uso de medicamentos ototóxicos en embarazadas y lactantes (4%).
  • Otras causas (8%).

Algunas estrategias de prevención sencillas de la pérdida de audición incluyen:

  • Vacunar a los niños contra las enfermedades de la infancia, en particular el sarampión, la meningitis, la rubéola y la parotiditis.
  • Administrar la vacuna contra la rubéola a las adolescentes y las mujeres en edad fecunda, antes de que queden embarazadas.
  • Prevenir las infecciones por citomegalovirus en mujeres embarazadas mediante una higiene correcta; efectuar pruebas para detectar y tratar la sífilis y otras infecciones en las embarazadas.
  • Seguir unas prácticas correctas de atención otológica.
  • Reducir la exposición a ruidos fuertes (tanto en el trabajo como en las actividades recreativas) mediante la sensibilización de la población sobre los riesgos que acarrean.

La detección e intervención tempranas son fundamentales para minimizar las consecuencias de la pérdida de audición en el desarrollo y el rendimiento escolar del niño. En los lactantes y niños pequeños con pérdida de audición, la detección y el tratamiento tempranos en el marco de programas de detección auditiva neonatal pueden mejorar los resultados lingüísticos y escolares del niño. Los niños sordos deberían tener la oportunidad de aprender el lenguaje de los signos junto con sus familias en los ámbitos preescolar, escolar y profesional también es una herramienta eficaz para identificar y tratar la pérdida de audición en una etapa temprana, limitando así su repercusión en el aprendizaje del niño

El Día Mundial del sordo, conmemora la fecha en que tuvo lugar el Primer Congreso Mundial de la Federación Mundial de Personas Sordas, el 30 de septiembre de 1951; se trata de un día de carácter reivindicativo donde las personas sordas de distintas regiones, y países visibilizan su realidad ante el mundo, donde expresan sus demandas en cuestión de derechos y en el cual se pone de relieve el hecho de que la sordera no debe ser una limitante para el desarrollo de las capacidades de un ser humano.

Regreso a clases
Regreso a clases

El comienzo de las clases es un momento clave en la vida de los niños y para que esta experiencia sea con salud es imprescindible que nuestros hijos tengan sus vacunas al día.

En esta etapa de la vida, los niños son especialmente susceptibles a las enfermedades dado que comparten utensilios y objetos personales, no suelen lavarse las manos con frecuencia y se llevan todo a la boca. Además, durante la convivencia en la escuela entran en contacto con muchos otros niños y adultos; por lo tanto, están más expuestos a diferentes patologías.

Ante estas situaciones, las vacunas son la mejor medida de prevención ya que son las encargadas de brindar protección contra numerosas enfermedades muy serias, que de lo contrario podrían convertirse en epidemias al diseminarse rápidamente y afectar a grandes porciones de la población. En este sentido, hay que tener en cuenta que al vacunar a nuestros hijos beneficiamos a toda la familia y también al resto de la comunidad, debido a que con esta acción contribuimos a disminuir la circulación de dichas enfermedades.

Es muy importante que la aplicación de las vacunas sea antes de que los chicos empiecen las clases, o en su defecto lo más temprano posible del año escolar, pues las aulas son espacios cerrados donde hay más probabilidad de que se produzcan brotes de ciertas enfermedades; por eso sugerimos que los chicos estén vacunados ya que de esta manera se protegen ellos y también protegemos a los que los rodean.

Otros cuidados de la salud:

Además de completar las vacunas, es importante cuidar otros aspectos de la salud de nuestros hijos a lo largo de la etapa escolar:

  • Control de crecimiento: Es aconsejable visitar al pediatra al menos una vez al año, aún cuando no se manifiesten problemáticas puntuales, para asegurarnos de que se están desarrollando correctamente.
  • Salud visual: Un control oftalmológico anual permitirá detectar posibles problemas visuales, que de no ser diagnosticados tempranamente pueden afectar su desempeño escolar y social.
  • Salud bucal: Se recomienda llevar a los chicos al dentista al menos una vez al año y promover en ellos el hábito del lavado de dientes diario para evitar caries y otras enfermedades.
  • Salud auditiva: Si el niño o niña presenta dificultades en el lenguaje, no hace lo que se le indica, pregunta “¿qué?” con frecuencia y escucha la televisión a un volumen muy alto, es conveniente consultar al pediatra para que analice si existe algún problema auditivo.
  • Alimentación sana y actividad física: Una nutrición variada y en cantidades adecuadas a la edad, con frutas y verduras incluidas, favorece el crecimiento y el rendimiento escolar. Asimismo, los chicos necesitan movimiento y actividades para recrearse y desarrollar su cuerpo de forma saludable.
Enfermedades Neumocócicas
Enfermedades Neumocócicas

Las enfermedades neumocócicas son afecciones causadas por bacterias llamadas neumococos. A menudo son leves, pero pueden causar síntomas graves, discapacidad de por vida o la muerte. Los niños menores de 2 años están entre los que tienen mayor riesgo de contraer estas enfermedades.

¿Cuáles son los síntomas de las enfermedades neumocócicas?

Hay muchos tipos de enfermedades neumocócicas. Los síntomas dependen de la parte del cuerpo infectada.

La neumonía neumocócica (infección de los pulmones) causa fiebre o escalofríos, tos, dificultad para respirar, dolor en el pecho, entre otros.

La meningitis neumocócica (infección del tejido que cubre el cerebro y la médula espinal) causa rigidez en el cuello o dolor de cabeza, fiebre alta, dolor que aumenta con las luces brillantes, confusión.  En los bebés, la meningitis puede causar falta de apetito y pocas ganas de tomar líquidos, estado de alerta bajo o vómitos.

La Septicemia (infección en la sangre) derivada de una enfermedad neumocócica puede causar fiebre, escalofríos o estado de alerta bajo.

Las enfermedades neumocócicas son responsables hasta del 50 % de las otitis medias (infecciones de oído medio). Los síntomas son dolor de oído, tímpano rojo e inflamado, a veces fiebre o somnolencia.

¿Es grave?

Las enfermedades neumocócicas varían de leves a muy peligrosas. Alrededor de 2,000 casos de enfermedades graves (bacteriemia, neumonía con bacteriemia, y meningitis) se producen cada año en niños menores de 5 años en los Estados Unidos. Estas enfermedades pueden llevar a discapacidades como sordera, daño cerebral o pérdida de brazos o piernas. Alrededor de 1 de cada 15 niños que contraen meningitis neumocócica muere.

¿Cómo se propagan las enfermedades neumocócicas?

Las enfermedades neumocócicas se propagan cuando una persona infectada tose o estornuda. Es posible que algunos niños ni siquiera se sientan mal, pero que tengan las bacterias en su nariz y garganta. Aun así, estos niños pueden propagar las enfermedades neumocócicas.

¿Cómo se previenen las enfermedades neumocócicas?

La manera mas eficaz de proteger en contra de este grupo de enfermedades es la vacuna antineumocócica de la cual existen varias presentaciones, conteniendo en ellas las principales cepas (grupos) de neumococos que causan enfermedad muy frecuentemente o enfermedad grave.

¿Es segura la vacuna antineumocócica?

Si, la vacuna antineumocócica es muy segura y eficaz para prevenir las enfermedades neumocócicas. Las vacunas, al igual que cualquier otro medicamento, pueden tener efectos secundarios, pero suelen ser leves y desaparecer en poco tiempo.

La Rubéola
La Rubéola

La rubéola es una infección vírica aguda y contagiosa. Aunque el virus de la rubéola suele causar una enfermedad exantemática y febril leve en los niños y los adultos, la infección durante el embarazo (sobre todo en el primer trimestre) puede ser causa de aborto espontáneo, muerte fetal, muerte prenatal o malformaciones congénitas, que constituyen el llamado síndrome de rubéola congénita.

El virus de la rubéola se transmite por gotitas en el aire, cuando las personas infectadas estornudan o tosen. Los humanos son el único huésped conocido.

Síntomas

En los niños por lo general la enfermedad es leve, con síntomas que incluyen erupción cutánea, fiebre poco intensa (<39 °C), náuseas y conjuntivitis leve. El exantema -que se observa en el 50% al 80% de los casos- habitualmente comienza en la cara y el cuello antes de progresar hacia los pies y permanece de 1 a 3 días. La inflamación de los ganglios linfáticos en la parte posterior de las orejas y el cuello es la característica clínica más saliente. Los adultos infectados (con mayor frecuencia mujeres) pueden padecer artritis y dolores articulares por lo general de 3 a 10 días.

Una vez que se contrae la infección, el virus se disemina por todo el organismo en aproximadamente 5 o 7 días. Habitualmente los síntomas aparecen de dos a tres semanas después de la exposición. El periodo más contagioso por lo general es de 1 a 5 días después de la aparición del exantema.

Cuando el virus de la rubéola infecta a una mujer embarazada en las primeras etapas del embarazo, la probabilidad de que la mujer transmita el virus al feto es del 90%. Esto puede provocar aborto espontáneo, nacimiento muerto o defectos congénitos graves en la forma del síndrome de rubéola congénita. Los lactantes con el síndrome de rubéola congénita pueden excretar el virus durante un año o más.

Manejo y prevención

No existe tratamiento especifico para la Rubéola ni para el Síndrome de Rubéola Congénita, sin embargo, la enfermedad es fácilmente prevenible por vacunas.

La vacuna contra la rubéola contiene una cepa de virus vivo atenuado. Una sola dosis de vacuna confiere un nivel de inmunidad a largo plazo superior al 95%, que es similar al que genera la infección natural.

Las vacunas contra la rubéola están disponibles en preparaciones monovalentes (vacuna dirigida solo a un patógeno) o, más frecuentemente, en combinación con otras vacunas como: las vacunas combinadas contra el sarampión y la rubéola; contra el sarampión, la parotiditis y la rubéola; o contra la rubéola, el sarampión, la parotiditis y la varicela.

Las reacciones adversas a la vacuna por lo general son leves. Pueden consistir en dolor y enrojecimiento en el sitio de la inyección, fiebre leve, exantema y dolores musculares. En las campañas masivas de vacunación en la Región de las Américas, que abarcaron a más de 250 millones de adolescentes y adultos, no se detectaron reacciones adversas graves asociadas con la vacuna.

Hepatitis A
Hepatitis A

La hepatitis A es una enfermedad contagiosa del hígado debida al virus de la hepatitis A. Es una enfermedad aguda y no se cronifica.

En los niños pequeños suele ser leve, pero en los más mayores y en adultos puede ser mucho más grave.

¿Cómo se contagia la hepatitis A?

La forma de contagio más frecuente es por la entrada del virus por la boca, a través de objetos, alimentos o bebidas contaminadas por las heces de una persona infectada.

El contagio puede ser:

Persona a persona: se produce si una persona enferma no se lava bien las manos después de ir al baño y toca otros objetos o alimentos; o cuando el cuidador de un bebé infectado no se lava bien las manos tras el cambio de pañal. Por alimentos o agua contaminados: esto suele pasar en países donde la hepatitis A es más frecuente y las condiciones higiénico­ sanitarias son peores.

Otras formas de contagio menos frecuentes son: transfusiones de sangre o hemoderivados, compartir jeringuillas o relaciones sexuales.

¿Cuáles son los síntomas de la hepatitis A?

Las personas con hepatitis A no siempre tienen síntomas de enfermedad. Estos son más frecuentes en adultos y en niños mayores de 6 años.

Los síntomas pueden ser:

  • ­ Fiebre
  • ­ Cansancio
  • ­ Pérdida de apetito
  • ­ Náuseas
  • ­ Vómitos
  • ­ Dolor abdominal
  • ­ Color oscuro de la orina
  • ­ Color claro de las heces
  • ­ Color amarillo de piel y ojos

Los síntomas, si aparecen, pueden hacerlo en cualquier momento entre 2 y 6 semanas después del contagio, suelen ser leves pero en algunos casos puede acarrear fallo hepático fulminante y muerte.

¿Cómo se puede prevenir la hepatitis A?        

La mejor forma de prevenirla es mediante la vacunación con la vacuna contra la hepatitis A.

El lavado de manos con agua y jabón después de ir al baño o cambiar un pañal y antes de preparar la comida, previene el contagio.

La vacuna contra la hepatitis A, se administra a partir de los 12 meses de edad, en 2 dosis, separadas por un intervalo mínimo de 6 meses. La protección empieza de 2 a 4 semanas después de la primera dosis. La segunda dosis asegura una protección más duradera.

¿Es segura la vacuna de la hepatitis A?

La vacuna de la hepatitis A es muy segura. Como el resto de vacunas puede tener efectos adversos que suelen ser leves: inflamación en el lugar de la inyección y menos frecuentemente: cefalea, fiebre o trastornos gastrointestinales leves.

Tétanos
Tétanos

El tétanos es una enfermedad grave causada por una toxina (veneno) producida por una bacteria conocida como Clostridium Tetanis. Causa una dolorosa rigidez muscular y puede ser mortal.

Las bacterias que causan el tétanos se encuentran en la tierra, el polvo y el estiércol. Entran al cuerpo a través de una herida punzante, una cortadura o una llaga en la piel. Las personas también se pueden infectar después de sufrir una quemadura o la mordida de un animal, no se transmite de una persona a otra.

El tiempo que pasa entre la infección y la aparición de los primeros síntomas puede ir desde los 7 a los 21 días. Los casos suelen presentarse en personas que no han sido vacunadas contra la enfermedad o que no llevan las dosis necesarias.

¿Cuáles son los síntomas del tétanos?

En los niños, el tétanos comienza con dolor de cabeza, calambres en la mandíbula y espasmos musculares (tensión muscular repentina e involuntaria).

El tétanos es a menudo llamado “trismo” porque los músculos de la mandíbula se tensan y se hace difícil abrir la boca.

Puede causar además, problemas para respirar, espasmos musculares y parálisis (incapacidad para mover partes del cuerpo). Los espasmos musculares pueden ser lo suficientemente fuertes como para quebrar la columna vertebral u otros huesos del niño.

Recuperarse completamente del tétanos puede tomar meses. Un niño podría necesitar semanas de atención en un hospital. Hasta 1 de cada 5 personas que contraen el tétanos muere.

Prevención

La forma mas segura y eficaz de proteger a su hijo contra el tétanos es vacunarlo. Esta vacuna viene combinada con otras en la Hexavalente, Pentavalente, DPaT y DT, las cuales se deben recibir de acuerdo a la edad del menor.

Al recibir esta vacuna, raras veces se presentan efectos secundarios que normalmente desaparecen al poco tiempo y cuando aparecen son leves e incluyen dolor y enrojecimiento del área de colocación, fiebre y vómitos.