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Precauciones y falsas contraindicaciones de las vacunas
Precauciones y falsas contraindicaciones de las vacunas

Precauciones:

Una precaución no es más que la cautela o la toma de medidas necesarias para prevenir un daño. Se consideran precauciones las siguientes situaciones, aunque antiguamente se consideraban contraindicaciones, hoy en día sólo ameritan vigilancia más intensa, posterior a la administración de la vacuna, si en una dosis previa de la misma su niño o niña ha sufrido:

  • Convulsiones en los 3 días siguientes a la vacuna.
  • Llanto, con grito de más de 3 horas de duración, en las primeras 48 horas.
  • Síndrome de hipotonía e hiporrespuesta en las primeras 48 horas.
  • Fiebre superior a 40.5 ºC en las primeras 48 horas.
  • Las enfermedades neurológicas inestables, mientras dure la inestabilidad.

Falsas contraindicaciones de las vacunas:

Una contraindicación es una situación en la que no debe administrarse, bajo ninguna circunstancia, un medicamento (en este caso una vacuna) por el elevado riesgo de que pueda tener lugar una reacción adversa grave o incluso fatal.

Las falsas contraindicaciones no solamente conllevan retrasos innecesarios para la adecuada protección, sino que además favorecen la propagación en la sociedad de creencias erróneas con relación a las situaciones en las que se puede o no se puede vacunar.

Son falsas contraindicaciones comunes las siguientes:

  • Enfermedades infecciosas leves, con o sin fiebre (resfriado común, diarreas leves, etc.), no incrementan los efectos adversos, ni prolongan los síntomas de la enfermedad que padece, ni modifican la respuesta inmunitaria frente a la vacuna.
  • Los niños pre-término se vacunarán a la misma edad cronológica que los niños a término salvo la particular excepción de la hepatitis B en los muy prematuros sin riesgo de trasmisión vertical.
  • Pueden vacunarse los niños cuya madre está embarazada o que está lactando naturalmente a su bebé (en el caso de la madre que amamanta, la excepción sería la vacunación frente a la fiebre amarilla).
  • No hay riesgo alguno de vacunar a un paciente que haya padecido la enfermedad de la que se le vacuna.
  • Los pacientes diagnosticados de epilepsia en situación estable y los que presentaron convulsiones febriles pueden vacunarse sin riesgos.
  • Los antibióticos no son contraindicación para las vacunas, a excepción de la vacuna antitifoidea oral.
  • La aplicación parenteral de extractos desensibilizantes frente a un alérgeno tampoco es contraindicación para administrar una vacuna.
  • El niño hospitalizado puede recibir las vacunas que precise, a excepción de la vacuna frente a rotavirus en las unidades neonatales hospitalarias.
  • Las alergias no anafilácticas a algún componente de la vacuna no constituyen una contraindicación de su aplicación.
  • La historia familiar de reacciones adversas a las vacunas o de alergia a algún componente de la vacuna tampoco debe ser tenida en cuenta.
Contraindicaciones permanentes y temporales de las vacunas
Contraindicaciones permanentes y temporales de las vacunas

Una contraindicación es una situación en la que no debe administrarse, bajo ninguna circunstancia, un medicamento (en este caso una vacuna) por el elevado riesgo de que pueda tener lugar una reacción adversa grave o incluso fatal.  Cuando se trata de una precaución el riesgo de una reacción adversa es menor y se puede considerar la administración en función del posible beneficio, sopesando las previsibles ventajas e inconvenientes.

Las contraindicaciones pueden ser permanentes o temporales; siendo la mayoría temporales en el caso de las vacunas. La única contraindicación aplicable a todas las vacunas es la existencia de una reacción alérgica grave previa a dicha vacuna o a uno de sus componentes.

El adecuado conocimiento de las verdaderas contraindicaciones o precauciones ayuda a que no se produzcan oportunidades perdidas de vacunación.

Contraindicaciones Permanentes:

  • Reacción adversa grave a una dosis previa de vacuna. Se considera como tal cualquier efecto secundario muy importante, por ejemplo, en el caso de la tosferina si se describe una encefalopatía (afección cerebral) aguda en los 7 días siguientes a la vacunación.
  • Hipersensibilidad o reacción alérgica grave a algún componente de la vacuna. Una reacción anafiláctica a algún componente de la vacuna contraindica la administración de nuevas dosis que contengan dicho componente. Los productos más alergénicos son los antibióticos, las proteínas del huevo, las gelatinas y -en menos ocasiones- la levadura.

Contraindicaciones temporales:

  • La edad de administración puede considerarse una contraindicación; por ejemplo, la vacuna triple vírica no se aconseja administrarla antes de los 12 meses de vida. De la misma manera la vacuna frente a la hepatitis A se administra a partir de los 12 meses de edad, la antigripal a partir de los 6 meses y los componentes de alta carga antigénica de difteria y tosferina sólo se pueden aplicar hasta los 7 años de edad.
  • Embarazo. Están contraindicadas todas las vacunas de virus vivos por el riesgo potencial de provocar lesiones del desarrollo del feto.
  • Inmunodeficiencias. Las vacunas con gérmenes vivos (triple vírica, varicela y fiebre amarilla fundamentalmente) están en términos generales contraindicadas, ya que en los niños con inmunodeficiencias pueden provocar la enfermedad de forma grave.
  • Enfermedad aguda. Por un principio de precaución, las vacunas no deben administrarse en el curso de enfermedades moderadas y graves, pero sólo mientras dure esa situación.
Mitos y realidades sobre la vacunación
Mitos y realidades sobre la vacunación

Seguramente has recibido informaciones sobre los supuestos riesgos de vacunar a tus hijos. Has de saber que en realidad se trata de ideas equivocadas y peligros inexistentes.

A continuación, los 5 principales mitos y realidades sobre la vacunación:

Mito 1: Las mejores condiciones de higiene y saneamiento harán desaparecer las enfermedades; las vacunas no son necesarias. ¡FALSO!

Realidad 1: Las enfermedades contra las que podemos vacunar volverían a aparecer si se interrumpieran los programas de vacunación. Si bien la mejor higiene, el lavado de las manos y el agua potable contribuyen a proteger a las personas contra enfermedades infecciosas, muchas infecciones se pueden propagar independientemente de la higiene que mantengamos. Si las personas no estuvieran vacunadas, algunas enfermedades que se han vuelto poco comunes, tales como la poliomielitis y el sarampión, reaparecerían rápidamente.

Mito 2: Las vacunas conllevan algunos efectos secundarios nocivos y de largo plazo que aún no se conocen. Más aún, la vacunación puede ser mortal. ¡FALSO!

Realidad 2: Las vacunas son muy seguras. La mayoría de las reacciones son generalmente leves y temporales, por ejemplo, un brazo adolorido o febrícula. Los trastornos de salud graves, que son extremadamente raros, son objeto de seguimiento e investigación detenidos. Es más probable padecer un trastorno grave por una enfermedad prevenible mediante vacunación que por una vacuna. Por ejemplo, en el caso de la poliomielitis, la enfermedad puede provocar parálisis; el sarampión puede causar encefalitis y ceguera, y algunas enfermedades prevenibles mediante vacunación pueden ser incluso mortales. Aunque un solo caso de trastorno grave o defunción por vacunas ya es demasiado, los beneficios de la vacunación compensan con creces el riesgo, dado que sin las vacunas se producirían muchos trastornos y defunciones.

Mito 3: Las enfermedades prevenibles mediante vacunación están casi erradicadas en mi país, por lo tanto, no hay motivos para que me vacune. ¡FALSO!

Realidad 3: Si bien las enfermedades prevenibles mediante vacunación son actualmente poco comunes en muchos países, los agentes infecciosos que las provocan siguen circulando en algunas partes del planeta. En un mundo sumamente interconectado como el actual, esos agentes pueden atravesar las fronteras geográficas e infectar a cualquier persona no protegida.

Mito 4: Las enfermedades de la infancia prevenibles mediante vacunación son algo inevitable en la vida. ¡FALSO!

Realidad 4: Las enfermedades prevenibles mediante vacunación no tienen por qué ser “algo inevitable en la vida”. Enfermedades tales como el sarampión, la parotiditis y la rubéola son graves y pueden acarrear importantes complicaciones tanto en niños como en adultos, por ejemplo, neumonía, encefalitis, ceguera, diarrea, infecciones del oído, síndrome de rubéola congénita (si una mujer contrae rubéola al principio del embarazo) y defunción. Todas estas enfermedades y sufrimientos se pueden prevenir mediante las vacunas. Los niños no vacunados contra estas enfermedades quedan innecesariamente vulnerables.

Mito 5: La administración simultánea de más de una vacuna puede aumentar en los niños el riesgo de efectos secundarios nocivos, que a su vez pueden sobrecargar su sistema inmunitario. ¡FALSO!

Realidad 5: Las pruebas científicas revelan que la administración simultánea de varias vacunas no conlleva ningún efecto secundario sobre el sistema inmunitario del niño. Los niños están expuestos cotidianamente a cientos de sustancias extrañas que desencadenan una respuesta inmunitaria. El simple hecho de ingerir alimentos introduce nuevos antígenos en el organismo, y numerosas bacterias viven en la boca y la nariz. Un niño está expuesto a muchísimos más antígenos como consecuencia de un resfriado común o una faringitis que por las vacunas. La principal ventaja de la administración simultánea de varias vacunas es que requiere menos consultas ambulatorias, lo que permite ahorrar tiempo y dinero y aumenta las probabilidades de que los niños completen el calendario de vacunación recomendado. Además, la posibilidad de recibir una vacunación combinada, por ejemplo, contra el sarampión, la parotiditis y la rubéola, supone menos inyecciones.

¿Qué hacer después de la vacunación?
¿Qué hacer después de la vacunación?

Planea actividades agradables:  Organizar alguna actividad agradable para realizar con tu hijo después de la vacunación hace que los niños focalicen su atención en una situación diferente y puede ayudarlos a sentir menos temor para las próximas ocasiones.

Mantenlo bajo observación:   Algunas vacunas pueden tener efectos secundarios leves y pasajeros, tales como fiebre, dolor, enrojecimiento e hinchazón en la zona de la aplicación. Si tu hijo presenta alguna reacción distinta a las mencionadas, o en una intensidad inusual, es importante reportarla al centro de vacunación a fin de tomar las medidas de lugar.

No se recomienda usar el acetaminofén para prevenir la fiebre u otros síntomas tras la vacunación. Si se presenta fiebre (≥38 ºC) se puede usar una dosis de acetaminofén de 10-15 mg/kg con repetición de dosis a las 4-6 horas después si persiste el cuadro febril, el cual suele durar no más de uno o dos días.

En niños mayores y adolescentes el efecto adverso más frecuente son los episodios vasovagales, que consisten en un “desmayo”, incluso con pérdida de conciencia por unos segundos de duración. Ocurren inmediatamente o en los primeros minutos tras la vacuna. El riesgo más importante de esta situación es el posible daño ocasionado por la caída.

¿Qué hacer durante la vacunación?
¿Qué hacer durante la vacunación?

Mantén una actitud calmada y positiva:  Los niños suelen reflejar la actitud de sus padres en cuanto al mundo a su alrededor.  Una sonrisa, un cálido abrazo siempre son favorables al momento de la vacunación.

Sigue las instrucciones del personal de salud: Durante el acto de vacunación los padres juegan un rol tan importante como el personal que va a administrar la vacuna, sujetar de manera correcta a tu hijo es vital para que el acto de vacunación sea seguro, rápido y efectivo.

Amamántalo:  La lactancia materna tiene un sin fin de bondades, que incluye un efecto relajante y analgésico, conocido como “Tetanalgesia”, lo cual te permite una participación más activa en el acto de vacunación.

Distráelo:  Los padres somos maestros de la distracción, aprovecha ese don, escoge el momento correcto y llama tu hijo por su nombre exactamente antes de la vacunación; canta su canción favorita o simplemente hazle monerías.  La idea es distraer su atención hacia algo distinto a la vacuna, recuerda que la distracción debe mantenerse al menos unos minutos después terminada la misma.

¿Qué hacer antes de la vacunación?
¿Qué hacer antes de la vacunación?

Infórmate:  Lee atentamente la información sobre las vacunas que va a recibir tu hijo, consulta tus inquietudes con nuestro personal especializado.

Lleva su objeto favorito:  Ya sea un juguete, manta o libro, lleva al centro de vacunación el objeto favorito de tu bebe, eso lo hará mantenerse más entretenido.

Proporciona a tu hijo las explicaciones necesarias:  Aunque sean muy chiquitos, los niños comprenden perfectamente si se les explica con palabras sencillas. Es útil explicarles lo que va a suceder.

No lo amenaces ni lo hagas sentir víctima:  Nunca lo amenaces diciéndole si te portas mal, te voy a vacunar. Tampoco le digas pobrecito, mira lo que le van a hacer.

No le pidas que “sea valiente” y/o que “no llore”:  Algunos niños comienzan a llorar apenas cruzan la puerta del centro de vacunación, en este caso no se lo impidas, háblale y recuérdale la importancia de ese momento, hazle saber que todo estará bien, trata de distraer su atención.

Brinda información certera al personal de salud:  Es importante tener información sobre antecedentes alérgicos, enfermedades recientes y otras situaciones de salud de tu hijo, que pudieran requerir cuidados especiales a la hora de administrarle una vacuna.

Procura que la vacunación se realice en un ambiente cálido, acogedor y de su agrado:  Elige un centro de vacunación que te inspire confianza y trata de concurrir siempre al mismo. Si el lugar transmite comodidad y confianza, tu hijo se sentirá más cómodo en un sitio conocido.

Seguridad de las Vacunas
Seguridad de las Vacunas

Las vacunas se someten a rigurosas pruebas de seguridad antes de ser aprobadas por la FDA y se hace seguimiento continuo en cuanto a su fiabilidad; se evalúan además por separado cada uno de sus ingredientes.

Las vacunas también se estudian para ser administradas juntas, a fin de que trabajen conjuntamente en desarrollar de forma segura el sistema inmunológico de su hijo.

Como con cualquier medicamento, hay posibles riesgos y efectos secundarios asociados a las vacunas.  Sin embargo, el riesgo de sufrir cualquier dificultad es ínfimo en comparación al riesgo de complicaciones serias como hospitalización o muerte, a causa de una enfermedad que puede prevenirse con vacunas. Los beneficios de la vacunación son muchísimo mayor que los riesgos.

Según los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC), en la mayoría de los casos, los efectos secundarios de la vacuna son pocos y duran solo pocas horas; en raros casos algunos días. Los efectos secundarios varían pero, en general, pueden incluir:

  • Dolor, enrojecimiento, sensibilidad o inflamación del área de la inyección
  • Fatiga
  • Dolor de cabeza
  • Comezón en el área de la aplicación
  • Náusea
  • Mareos y desmayos (más comunes en los adolescentes)
  • Fiebre
  • Erupción leve

Los padres deben estar pendientes de las circunstancias inusuales, como fiebre alta, debilidad o cambios de conducta. Las señales de una reacción alérgica pueden incluir dificultad para respirar, ronquera o silbido respiratorio, urticaria, palidez, debilidad, taquicardia o mareos. En el caso improbable de que su hijo presente señales de reacciones alérgicas o efectos secundarios, debe comunicarse inmediatamente con el médico.

Aunque los efectos secundarios son muy poco comunes, urgimos a los padres para que reporten los efectos secundarios serios al centro donde recibió la vacuna a fin de que el mismo pueda pasar la información a las dependencias de salud encargadas de analizar y hacer que el público tenga acceso a la información de incidencia de efectos secundarios adversos.

Las Vacunas
Las Vacunas

Las vacunas son productos que contienen un microorganismo (bacteria o virus), parte o derivado del mismo, y que se administran a una persona con el objeto de inducir una respuesta inmunitaria específica protectora similar a la de la infección natural, pero sin peligro para el vacunado.

Las vacunas permiten enseñar al sistema inmunitario a reconocer un microorganismo determinado y a responder adecuadamente a su ataque de modo que no pueda reproducirse ni extenderse por el organismo.

Este proceso es conocido como inmunización activa. Las vacunas exponen al organismo a una cantidad muy pequeña de virus o bacterias que han sido debilitados o destruidos. Así, el sistema inmunitario aprende a reconocerlo de modo que en el futuro pueda atacarlo convenientemente cuando se vea expuesto a él, evitando o minimizando la infección.

La mayoría de las vacunas protegen frente a una única enfermedad, pero también hay otras llamadas combinadas que protegen frente a más de una, como la vacuna triple vírica (sarampión, parotiditis y rubéola) o la vacuna DTP (difteria, tétanos y tos ferina).

Tipos de Vacunas

En la actualidad las vacunas son de cuatro tipos diferentes:

  • Vacunas de virus vivos: para su fabricación se utiliza una forma debilitada o atenuada del microorganismo. Las vacunas contra el sarampión, las paperas y la rubéola (triple viral); y la varicela (viruela) son de este tipo.
  • Vacunas elaboradas con microorganismos muertos (inactivada): se fabrican a partir de pequeños fragmentos del virus o la bacteria. De este tipo son las vacunas
  • Vacunas toxoides: se producen a partir de una toxina generada por el microorganismo, de modo que inmunizan contra los efectos de la infección, pero no contra la propia infección. La vacuna contra la difteria, el tétanos y la tos ferina son de este tipo.
  • Vacunas biosintéticas (o conjugadas): se fabrican reproduciendo de forma artificial partes seleccionadas del microorganismo. Éste es el caso de la vacuna conjugada Hib (Haemophilus influenzae tipo B).