La fiebre en niños

La fiebre es uno de los principales motivos de consulta en la edad pediátrica, siendo importante entender que no es una enfermedad per se, si no un signo de una condición subyacente.

Hay muchas razones por las cuales un niño puede tener fiebre. Las más comunes son las infecciones víricas, agudas y benignas, como las respiratorias, que suelen ir a acompañadas de tos y mocos; las gastrointestinales, que cursan con vómitos, diarrea y dolor abdominal; o las urinarias, con vómitos y rechazo de alimentos. Una vacunación reciente, el exceso de sol o  de abrigo también causan elevación de la temperatura corporal.

Para hablar de fiebre lo primero que debemos hacer es medir la temperatura con un termómetro homologado y no con el tacto. Puede tomarse la temperatura en el recto, en la boca o en las axilas, según la edad y la cooperación del niño; aunque la del recto siempre será la más precisa.  De manera universal se acepta hablar de fiebre cuando la temperatura corporal asciende sobre los 38 grados Celsius.

¿Qué hacer si el niño tiene fiebre?

Lo más eficaz es administrar los medicamentos antitérmicos prescritos por el pediatra. Es imprescindible respetar la dosificación adecuada a la edad y peso del niño. Este tratamiento se puede complementar con:

  • Hidratación abundante con agua
  • No abrigar en exceso ni caldear la habitación.
  • Aplicar paños húmedos templados o frescos, nunca fríos, en la frente.
  • Darle baños con agua templada durante 15-20 minutos, dejando que el agua se vaya enfriando poco a poco a la vez que el pequeño.

Antes de consultar con el pediatra, lo primero que debemos hacer es valorar el estado general del niño y ver qué aspecto tiene: si, a pesar de la fiebre, está contento y come y bebe bien, es poco probable que se trate de algo grave.

Existen algunos casos en los que es necesario acudir al pediatra, de manera inmediata, para que valore el estado del niño: menores de 3 meses, cambios en el estado general (somnolencia, irritabilidad), vómitos, dificultad respiratoria, convulsiones, manchas negras o puntos rojos en la piel.

Es normal que la fiebre nos preocupe y es importante que la tengamos controlada pero, en general, no debemos alarmarnos en exceso ya que la mayoría de las veces no será más que un virus inicialmente inofensivo. No obstante, ante cualquier duda en el estado de salud de un niño, se debe acudir al pediatra, quien resolverá cualquier preocupación y prescribirá el mejor tratamiento para el pequeño.

 

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